Bond en Casino Royale
Por fin he podido ver la peliculita de marras, que ya estaba tardando despues de esperar tanto. Como la Demiurga me ponía pegas de toda clase, desde que tenía que ir al gimnasio, que si a danza del vientre, que hoy tengo teunión en Sevilla… En fin, que me he cansado de esperarla. He cogido una tarde y me he metido en los multicines, que tenía hambre de Bond.
Lunes a las siete de la tarde, media docena en una de esas salas inmensas que solo se llenan los fines de cemana, y el nuevo James Bond poniendo morritos en la gran pantalla. Y yo ha gozar.
En primer lugar, he de decir que este nuevo Bond supera mis expectativas. Gracias a San Judas Tadeo hemos dejado atrás los tiempos del Bond superheroe. Todos recordamos con verguenza ajena el despropósito aquel del coche invisible, el vuelo en tabla sobre el hielo y el avión que no se estrellaba nunca. Bond había llegado a un punto de despropósito que era necesario cambiar como fuera. Y han empezado por el protagonista. Es rubio, cachas y pone morritos, pero al menos ya no parece un pijo jugando a los videojuegos.
Alejado del maniquí del Corte inglés que era el Pierce Brosnan, Daniel Craig es un tío duro. Bond ya no es el chuloplaya que te imaginarías en la caleta (literal), sino un tío que mirándolo ya sabes que te juegas al menos un tortazo. Han tomado al fin el espíritu que propuse en el poch anterior, el de un asesino frío y efectivo, un profesional del asesinato. Como dicen, alguien con tan poca esperanza de sobrevivir a una misión que no le importe jugarselo el todo por el todo. Eso debería dar al personaje una actitud fatalista e irónica, y no la aparente insensibilidad que se le daba hasta ahora.
Bond ahora es sucio, oscuro. Efectivo al matar y frío, muy frío, pero el miedo le va por dentro. Y vuelve ha ser un cabroncete con las mujeres. En definitivas cuentas, es el tipo de asesino que nos creeríamos, más al estilo Bourne que del Jackie Chan de su encasillado predecesor. La última parecía, con todos los respetos, Spy Kids. Ser espectacular no significa ser infantil, y eso al fin lo han entendido.
Parece mentira que con tantos fimes de 007 todavía no se haya hubiera afrontado la primera de las novelas (al menos en serio). En realidad es lo mismo de siempre, la repetida historia de malo malísimo haciendo putadas y Jamencio corriendo de un lado tras otro como Carmen Sandiego. Pero ver una historia original de Ian Fleming es la novedad. Ha costado conseguir los derechos. a ver si consiguen recuperar los de Spectra, y ya seré feliz.
Intentaré no contar mucho de la película, pero me encanta el principio, sacada del cine negro. La primera misión de Bond, donde consigue el status 00 ya nos enseña lo propuesto en este film, un asesino sucio y frío que no respetas nada y no para ante nadie. Todo lo contrario del Indiana Jones o el caballero cruzado que nos han venido bombardeando desde Roger Moore. La película, a pesar de ser en su argumento similar a sus predecesoras, destaca por sus escenas de violencia desatada en lo que todo termina en segundos. Hay persecuciones increibles, sí, pero se basa más en lo que pasa y donde transcurre que en escenarios prefabricados y efectos especiales metidos a trompicones en la historia (¿os acordais del palacio de hielo de Muere otro día?). Han conseguido quizás los accidentes de coches más espectaculares de la historia del cine, y para ello no necesitan que vuelen los coches.
Bond ya no sale ileso de cada batallita. Ahora es como un John McClane que es herido, sufre, le torturan de manera cruel y aparece sucio, sangrante y desquiciado. Pero es Bond al fin y al cabo. Unos minutos despues de un paro cardiaco aparece de smoking listo para jugarse los gayumbos al poker. Lo cortés no quita lo valiente, dicen.
Personalmente yo hubiera hecho que arrastrara un poco más los daños. Al fnal del metraje debería ser posible reconocer las cicatrices y poder mirar las ojeras de Bond. Pero como manera de empezar una nueva filosofía de Bond no esta mal. Nuevo protagonista, el primer libro del autor y nuevo espíritu. Tampoco voy a esperar que maten al protagonista en una bronca de taberna.
Sin embargo la película no es perfecta. Dista mucho de serlo. Más tensión en la partida de cartas, más al estilo de los clásicos como el Hombre del brazo de oro, de partidas eternas de poker con oponentes agotados y días sin dormir no hubiera estado mal, en lugar de tanta lucha intransendente de por medio. Y, sobre todo, el guión peca del sindrome Frodo. El final se alarga, alarga, no llega, y resulta siendo barrullado y confuso, con tanto nombre y vuelta de tuerca sobre las motivaciones de los malos y protagonistas. Una pena que puede restar boca-oreja.
En fin. Bond vuelve y por fin de manera honesta. Fuera artificios. No hay efecto especal que soporte una PKK Walter.
4 Cagurritos (es que soy fan…)





